domingo, 18 de diciembre de 2011
Ana Santos se va de la Biblioteca Nacional
martes, 14 de junio de 2011
DEFENESTRADA
El caso es que, no conozco el orden, pero Nuria Valverde, María Tausiet, Teresa Huguet y Tayra Lanuza están en la p. calle. Eran cuatro promesas que se han dejado sus añitos en este círculo vicioso, que han trabajado lo mejor que han podido, o que han sabido. Pero da igual, aquí entras si otros quieren. Y así nos va. Esto no tiene remedio.
domingo, 21 de noviembre de 2010
HISTORIA DE LA CIENCIA Y ALQUIMIA (De los orígenes a los años 90)
Siendo éste un trabajo cuyo contenido será tomado como inmerso en la Historia de la Ciencia, especialmente en la Edad Moderna, se hace necesario presentar un análisis y desarrollo, siquiera mínimo y a vuelapluma, sobre cómo la Historiografía (de la ciencia, claro) ha visto dicho período. Pero aún más, hemos de subir un nivel más y esbozar el origen y puesta en marcha de la propia Historia de la Ciencia. Desde ahí, recorreremos el camino que ha seguido hasta su interés por el hermetismo y la alquimia, o por algunos de sus aspectos tangentes, como el neoplatonismo renacentista .
Por supuesto, aquí, las consideraciones son extremadamente importantes, ya que han supuesto la existencia de muy agrios debates. Por ejemplo, cuestiones de método como el "externalismo" y el "internalismo", por citar alguno de los más recientes de la Historiografía de la Ciencia. Llevando este problema a la alquimia como objeto, hay que dejar claro que "ella" hubo de desenvolverse en el marco de unas coordenadas de ciencia y pensamiento que no pueden ser ignoradas. Al ser éste un examen externalista de aspectos también externalistas, lo interesante aquí es tratar de saber cuáles fueron dichas coordenadas y como fueron vistas por toda una serie de magníficos historiadores que se interesaron por uno de los períodos más espectaculares: la Revolución Científica, su naturaleza, sus raíces y sus elementos. Por otra parte, no deberemos caer en el error de confundir "externalismo" con "contextualización", ya que ésta última exige, a diferencia del primero, un conocimiento previo e "interno" de los textos, y de sus autores, para poder luego insertar correctamente la pieza en el mosaico. Ocurre frecuentemente que, al leer textos de Historia, notamos que la "pieza" no "encaja" a la perfección. Afortunadamente, hacer Historia no es sólo esto. Dado que el objetivo de este apartado es reflejar la posición correcta de la Alquimia dentro de la Historia de la Ciencia, se considerará, pues, la influencia mutua que existe entre el conocimiento del "objeto" y su inserción en un campo mayor (es decir: su contextualización). No es posible de otra forma, ya que ambos elementos surgen de esa labor conjunta, siendo cada vez mejor observados. No podemos saber qué estamos estudiando-investigando-descubriendo si no conocemos su "entorno"; así mismo, dicho entorno no puede ser comprendido en su totalidad si extraemos del análisis el objeto a insertar. Este problema es el que salió a la luz, conscientemente o de forma imprevista, en la Historia de la Ciencia, siendo llamado debates historiográficos en torno a..., expresión que tanto gusta hoy a los historiadores. Ya existía, digo, en el pensamiento de algunos de ellos hacia los años veinte, alcanzando su máxima expresión en los cincuenta. Pero vayamos paso a paso.
Otra importantísima cuestión ha sido la originada por la presencia de la Filosofía de la Ciencia, un término usado demasiado alegremente. También, como ocurrió en la Historiografía, han sido científicos los que se aventuran a filosofar sobre la Ciencia. El caso de Thomas F. Kuhn fue el más notorio, pasando de historiar sobre la Ciencia a filosofar sobre ella, como él mismo reconoció:
"El resultado fue un cambio drástico en mis planes profesionales, un paso de la Física a la Historia de la Ciencia y, luego, gradualmente, de los problemas históricos relativamente íntegros a las inquietudes más filosóficas que me habían conducido, inicialmente, hacia la Historia"
Hay que ser sumamente cuidadoso cuando se relacionan dos funciones superiores de la Cultura, como son la Filosofía y la Ciencia, con la Historia, ya que, en los elementos que componen esta relación tripartita hay cosas comunes y no comunes. La Filosofía, comparada con la Ciencia, tiene en común, principalmente, el objetivo de determinar de forma clara sus valores teóricos (fundamentalmente la Verdad ) y una actitud racional cognoscitiva. Filosofía y Ciencia se separan en la tendencia de la primera al todo. La Ciencia acota una parcela del mismo y se dedica a lo delimitado en ella, aunque últimamente la tendencia sea inversa; el filósofo es "universalista" y el científico "especialista".
Respecto de la Historia, como actitud científica, también se diferencia de la Filosofía. Ambas pueden tratar el mismo objeto, pero con una disposición divergente. Al filósofo de la historia le interesa el destino, el sentido, y si la Historia tiene, o no, un motor único. Creo necesario exponer todas estas consideraciones aquí, habida cuenta que, en el fondo, son los caminos por los que se han movido los historiadores de la Ciencia Moderna que vamos a ver a continuación. No obstante, este tema es susceptible de un más amplio desarrollo. Será hecho, de forma sólo expositiva, en un anexo a este apartado. No es posible establecer la posición de un Ernst Cassirer o de un William Dilthey como historiadores si no conocemos su lugar como filósofos.
Para definir aún más sus rasgos generales, diré que gran parte de la Historiografía de la Ciencia de este siglo se centró en el estudio de los siglos XV, XVI y XVII. En ellos se dio el hecho más interesante como objeto de estudio en este campo: el conocido como "Revolución Científica". A ojos de cualquier historiador, es el más claro exponente de una ruptura, alteración, o cuento menos, discontinuidad en un proceso que ya ha dejado de ser visto por la mayoría como una sucesión acumulativa y progresiva de éxitos científicos, tal y como se pretendió cuando aún el positivismo no estaba superado y dominaba omnipresente el panorama. Sea lo que fuere lo que ocurrió y los elementos que entraron en escena, interviniendo activamente, lo cierto es que el Mundo (Hombre y Naturaleza) del siglo XVI y el de fines del siglo XVII eran distintos "casi" por completo.
Cómo fue dicho cambio y qué ocurrió son dos cuestiones que son básicas y sus respuestas han suscitado debates muy enriquecedores, insisto, así como han provocado el origen de tendencias, con unos defensores brillantes y tenaces. Todo ello será lo que trataré más adelante. La razón de centrarme en este análisis es que, del mismo centro de dichos debates surgirá uno diferenciado por sí mismo, que es el que interesa en este trabajo: el suscitado por establecer la relación entre magia y ciencia, el dominio de una sobre otra (en unos desequilibrios estables y duraderos) en la Edad Moderna hasta el fin de la Revolución Científica. Para el resto de cuestiones problemáticas, excepto las cronológicas (a cuyos protagonistas me remito) y las de demarcación del ámbito de las disciplinas (Ciencia-Filosofía-Historia), hemos de consultar las cuestiones historiográficas y metodológicas que expusiera Kuhn.
Hemos de comenzar el contenido por Augusto Comte. A pesar de no verse lo más mínimamente interesado por los problemas del historiador, pidió, en el año 1832, al ministro galo Guizot que se crease una cátedra de "Historia General de las Ciencias". Es el inicio de esta disciplina. Pero dicha cátedra no sería una realidad hasta que pasasen sesenta años exactos. Se radicó en el Collége de France, siendo Pierre Laffite quien la ocupase hasta el año 1903 y sin que las autoridades entendiesen muy bien qué era eso de "Historia de las ciencias". Si este fue su nacimiento institucional, podemos decir que la moderna historiografía de la ciencia empieza a tener una entidad suficiente en la figura de Alexander Koiré, un historiador cosmopolita, políglota y de formación enciclopédica, salvando las distancias de su insigne antecesor, Paul Tannery.
El término "Revolución Científica" fue introducido por primera vez por Alfred Rupert Hall en el año 1954 , justo cuando se iniciaban las discusiones acerca de la definición del mismo. Hoy, su libro es un clásico anglosajón sobre la cuestión y es frecuente encontrar su referencia en la bibliografía de muchos programas universitarios. En realidad es un análisis sobre lo que fue la búsqueda de una nueva Filosofía de la Naturaleza. Para Hall, elementos nuevos, como el problema de la causa, la nueva visión acerca del movimiento, ya ajena al aristotelismo que imperó hasta entonces, y ciertas influencias técnicas fueron determinantes en la "ruptura". Esta consideración, la del "rupturismo" no es sino una de las dos posiciones que han dominado el panorama entre los historiadores de la ciencia. Dicha posición nació y se consagró gracias a la imagen del Renacimiento ofrecida por Jakob Burckhardt en 1860, cuando publicó su Die Kulture der Renaissance in Italien. Su influencia fue de tal magnitud que se hizo indispensable referencia en las líneas historiográficas posteriores, tanto para las que se situaron a su favor como para aquéllas que lo hicieron en contra. Para Burckhardt, el Renacimiento es visto, simplemente, como un período histórico con entidad propia y diferenciada, especialmente de la Edad Media.
Por tanto, el nacimiento de la moderna historiografía de la ciencia tuvo lugar bajo el signo del citado rupturismo, ya que /ruptura/ era el término más apropiado para definir lo ocurrido en la Revolución Científica. Sin embargo, Burckhardt, de forma paradójica, dejó un hueco en su obra al tratar las ciencias y el pensamiento renacentista como grupo de estudio. Cuando debiera entrar en su análisis, se para en seco y, sin ningún tipo de rubor, nos remite directamente a las escasas obras especializadas que circulaban entonces sobre esa cuestión . La influencia de la visión renacentista cayó en picado hacia 1910, momento en que "nació" una corriente de oposición a la misma de manos de Pierre-Maurice-Marie Duhem (1861-1916). De erudición monumental, protagonizó célebres disputas en el campo de la física y de la química, defendiendo la metodología de la ciencia como norte de todo historiador interesado en la historia de la ciencia. Es decir, reclamaba una finalidad, para lo cual llamó a su presencia a la contextualización como medio más apropiado. En fin, esta corriente es conocida como "continuista" y alcanzó su cenit en los años 30.
El continuismo, que hace referencia principalmente a cuestiones científicas, se inscribe dentro de otro movimiento historiográfico más amplio, también surgido a principios de siglo, llamado por William K. Ferguson "la revuelta de los medievalistas" . Aquí se reivindicaba para la Edad Media, respecto del Renacimiento y Edad Moderna, los valores propios que Burckhardt les había negado. Por supuesto, el talante neo-positivista de esta postura es lo más característico. No obstante, nunca el bloque de los continuistas fue homogéneo, motivo principal de que sucumbiera ante los ataques rupturistas. Podemos diferenciar tres posturas entre los continuistas:
Aquéllos historiadores que retrotraen aspectos señalados por Burckhardt como propios del Renacimiento hasta algún momento de la Edad Media. Por ejemplo, Ch. H. Hanskins y F. F. Walsh, que situaron los orígenes del Renacimiento en los siglos XII y XIII respectivamente. También E. Gilson , quien vio en la Edad Media un "humanismo" continuador del espíritu clásico y anticipo del renacentista.
Los autores que ven en el Renacimiento características plenamente medievales, como L. von Pastor, G. Toffanin y Ch. Dejob.
Por último, están los autores que, no hallando características diferenciadas entre la Edad Media y Renacimiento, fusionan ambas épocas en un solo proceso. O, en el mejor de los casos, ven en el Renacimiento la decadencia de la Edad Media, su "otoño", como fue llamado por J. Huizinga, tesis compartida por R. Stadelmann.
Merece la pena poner un ejemplo más explícito. Veamos qué dijo Gilson:
"La diferencia entre Renacimiento y el Medievo no es una diferencia por suma sino por sustracción. El renacimiento, tal y como nos lo han descrito, no fue el Medievo más el Hombre, sino el Medievo menos Dios; y la tragedia es que perdiendo a Dios, el Renacimiento perdía también al Hombre."
Presentadas las posiciones iniciales (rupturismo-continuismo), veamos su evolución, ya que de una de ellas surgirá el interés historiográfico por el hermetismo y la alquimia. Con Pierre Duhem a la cabeza, el continuismo vería reforzadas sus posiciones de la mano de otros dos importantes historiadores. Uno fue Aldo Mieli, un buscador del origen y las relaciones de los descubrimientos , además de fomentar en su país la institucionalización de la Historia de la Ciencia . El segundo fue su amigo y colaborador Pierre Brunet. Ambos realizaron y publicaron trabajos que demuestran su categoría, incluso parecen más el resultado fructífero de un rato de ocio que una ágil labor investigadora . Otro enconado continuista fue el pródigo Georges Sarton (1884-1956), de formación comtiana y de estricto criterio cronológico , contribuyó, como Mieli, a la institucionalización de esta nueva disciplina. En su dilatada actividad, nos dejó obras imprescindibles, como su monumental Introduction to the History of Science . Pero el punto álgido del continuismo, su máxima expresión, la abanderó otro erudito, Lynn Thorndike . Su importancia en este apartado radica en que, con él se iniciará el debate magia-ciencia, cuyo punto de partida tuvo su origen en el momento más acalorado de las posiciones defendidas por continuistas y rupturistas, siendo Thorndike el nexo entre ambos debates.
Thorndike, pues, marcó un punto de inflexión. Los continuistas seguían reivindicando una revalorización de la ciencia medieval, aunque las posturas hubieron de ser matizadas, especialmente en cuestiones como "método científico". Éste ya no era visto como un bloque monolítico de acción, sino como algo conformado por partes diversas y distintas. Tal fue la idea manifestada por A. C. Crombie, en los años cincuenta, quien analizó las "transformaciones" sufridas por la ciencia durante seis siglos, los que van desde el siglo XII al XVIII . Podemos hacer un rastreo historiográfico de la nueva posición defendida por Crombie, ya que hay autores que se expresaron de forma semejante desde unos años antes. Así, John Hermann Randall Jr., que situó el centro decisivo de las aportaciones metodológicas en Padua, núcleo del aristotelismo renacentista , no duda en concebir el "método científico" como algo cuarteable y recomponible. También James A. Weisheipl, quien afirmó que los principios sobre la que se desarrollaría la labor científica del siglo XVII ya fueron introducidos por el escolasticismo medieval, especialmente por la teoría física de la naturaleza expuesta por Alberto Magno y Santo Tomás . A este grupo de historiadores con un punto de vista tan definido pertenece también Ralph M. Blake, defensor de la heterogeneidad de los elementos a considerar en el estudio de la ciencia renacentista, situándose, así, como un continuista "light" . Cierra el grupo el gran medievalista Edward Grant. En sus trabajos estableció puentes curiosos, como el valor que otorgó a los traductores medievales de obras griegas, a los que llega a situar como imprescindibles para la existencia del Renacimiento, mucho más para la Revolución Científica .
Pero a la ola continuista que protagonizaron los medievalistas y su "revuelta", le surgió una oposición, un "neo-rupturismo", o, como lo ha llamado el profesor Beltrán , la "revuelta de los renacentistas". Estos historiadores ya no defienden la estricta imagen del Renacimiento defendida por Burckhardt , sino que la matizarán, cada uno a su manera. La mayoría de ellos serán seguidores de las líneas de Alexander Koiré y aceptarán el concepto /progreso/, aunque, a diferencia de los rupturistas originales, no ven en él la linealidad ni el carácter acumulativo que se le otorgó al principio. En el ejercicio de defensa de esta nueva postura, llevaron a cabo una nueva "revolución" en los planteamientos que dominaban entonces en la Historia de la Ciencia. Lo más importante es que su influencia llega a nuestros días, como veremos. El principal protagonista fue Thomas S. Khun y su evolución personal . Si Koiré inició la actual historiografía de la ciencia , Khun la desarrollaría; ambos, no olvidemos, bajo el signo rupturista. La postura de Kuhn ya la tenía bastante elaborada hacia los años cincuenta y no dudó en solicitar un esfuerzo común de los historiadores para lograr una nueva concepción de la Ciencia, que debía ser hecha, no como una evolución hacia lo que deseamos conocer, sino a partir de lo que conocemos. Tal solicitud fue recogida, aceptada y respondida de tal forma que contribuyó decisivamente en los actuales planteamientos de los historiadores de la ciencia.
En esta nueva corriente, de la que es difícil distinguir si es un nuevo rupturismo o una continuación sucedánea de las tesis burckhardianas (depende de la perspectiva con que se mire), se puede decir que fue William Dilthey su más inmediato seguidor. Entre sus filas encontramos, mayoritariamente, especialistas de la Historia de la Filosofía, del Arte y de las Ideas renacentistas. ¿Cuáles eran sus principios, sus marcos teóricos? Volvemos a Koiré, que los enunció clara y brevemente en 1961:
Nunca el pensamiento científico ha estado separado del filosófico.
Las revoluciones científicas quedan determinadas por cambios en las concepciones filosóficas.
El pensamiento científico tiene un marco externo de ideas, principios y axiomas que, generalmente, se consideran propios de la filosofía .
Este neo-rupturismo fue seguido por otro filósofo de la Historia, neo-hegeliano y gran renacentista, llamado Ernst Cassirer. Como Koiré, puso de manifiesto la importancia de la Historia de la Filosofía para la Historia de la Ciencia . Como podemos ver, el elemento común aquí es la Historia, la causa de las discusiones. Nuestra disciplina, la Historia, especialmente la dedicada a la Ciencia, ha sido tachada en varias ocasiones de querer suplantar a la Filosofía de la Ciencia y de pretender anularla. Incluso hay quien ha afirmado que ya sólo hay Historia de la Ciencia, en detrimento de la Filosofía de la Ciencia. Pero observemos el giro dado: ahora el elemento común no es la Historia, sino la Ciencia .
Fue a partir de los años treinta cuando los estudios historiográficos sobre el Renacimiento hechos desde el rupturismo proliferaron enormemente. Veamos quiénes fueron sus protagonistas, todos ellos especializados en la filosofía del renacimiento. El más notable fue Eugenio Garin, quien enfrentó brillantemente y con preceptos intachables, aspectos del Humanismo y del Renacimiento . Otro de ellos fue Paul Oskar Kristeller, quien renegó del carácter filosófico del Humanismo dentro del Renacimiento, limitando éste último a tan sólo algunos aspectos de erudición y filológicos, estableciendo las relaciones entre aristotelismo y ciencia . A ellos se adhirió Cesare Vasoli, proponiendo una apertura nueva, crítica y metodológica en los estudios renacentistas ; D. P. Walkers, empeñado en que no hay que olvidar elementos como el hermetismo y Allen G. Debus, quien reivindicó, ya muy claramente, el estudio de las "ciencias ocultas" desde posiciones inexpugnables:
"Paracelso puede ser visto como un heraldo de la Revolución Científica [...] Es importante tratar de no separar lo "místico" y lo "científico" cuando ambos están presentes en el trabajo de un único autor. Hacerlo así sería distorsionar al clima intelectual del periodo. Imponer nuestras distinciones al siglo XVII es ahistórico."
En este crescendo sobre la importancia del elemento magia como digno de estudio, fue la señora Frances A. Yates quién llevó todo al extremo, preconizando la supremacía de lo "místico" sobre lo "físico" en el Renacimiento . Es curioso, el primer libro de alquimia completo conocido, el de Bolos de Mendes, escrito en el siglo II se titule "Physika kai Mystika", los dos términos claves sobre los que giró el debate que se planteará. Lo común de todos estos historiadores fue su defensa sin reservas del Renacimiento como entidad y objeto historiográfico innegable, ya que
"... de otra manera tendríamos que dudar de la existencia de la Edad Media y del siglo XVIII."
Dieron entrada fulgurante al Hermetismo (y, por extensión a la alquimia) como un elemento de estudio imprescindible a partir de los años 60. Su "centro de operaciones" fue el Wargburg Institute de Londres, con Francis Yates a la cabeza. Si bien la importancia del Hermetismo ya fue señalada por Kristeller y Garin en sus obras, se puede decir que el pionero en esta cuestión fue Paolo Rossi, un defensor de la "unidad" de la ciencia respecto de sí misma y de su inserción en su ámbito temporal. Ejemplificó esta opinión cuando puso en relación a Francis Bacon con la tradición alquímica . En efecto, Bacon (1561-1626) no desdeñó la posibilidad de la alquimia, aunque pensaba que era algo tremendamente difícil y complicado:
“Attamen tanta excercet humanum genus impotentia et intemperies, ut non solum quae feri non possunt, sibi spondeant, sed etiam maxime ardua, sini molestia aut sudore, tamquam feriantes, se adipisci posse confidunt.”
A este grupo acabaron sumándose más tarde otros dos "grandes": P. M. Rattansi, que siguió valorando la importancia del Hermetismo en la "nueva ciencia" , y Charles Webster, estudioso de los aspectos socio-políticos y culturales ingleses en el espectacular siglo XVII .
Ya hemos visto el camino que va desde la aparición de la Historiografía de la Ciencia, su posterior interés por el Renacimiento y, luego, por la Revolución Científica, hasta llegar al Hermetismo, todo ello con las distintas posiciones, separadas en tres etapas: rupturismo, continuismo y neo-rupturismo. Con la entrada del Hermetismo, y casi coincidiendo con la última etapa se originará otro debate, como he dicho, centrado en las relaciones magia-ciencia, su convivencia e influencias mutuas. Este nuevo "campo de batalla" también tiene tres etapas. En la primera, que se adelanta cronológicamente hasta el segundo rupturismo, el interés por la ciencia domina por encima del existente por la magia. En la segunda, la magia ya es vista como un elemento a considerar, incluso como algo clave para el perfecto conocimiento del Renacimiento. En la tercera, coincidiendo con la anterior al principio, la magia comparte protagonismo e importancia con la ciencia de forma equitativa. Muchos de sus protagonistas ya están citados; se lanzaron a esta "arena", ya que muchas de las discusiones quedaron en el marco del problema de la definición del Renacimiento. Mejor se ve en una tabla.
HISTORIOGRAFÍA DE LA CIENCIA DEBATE MAGIA-CIENCIA
1860-1920 Rupturismo
1910-1950 Continuismo 1900-1950 Ciencia
1920-1960 Neo-rupturismo 1920-1965 Magia
1960-1980 Magia y Ciencia
Tabla 1: Cronología comparada entre la Historiografía de la Ciencia y el debate Magia-Ciencia.
En una primera etapa, dentro del debate "magia-ciencia", la historia de la ciencia es vista como un movimiento unilineal y progresivo, tendente hacia un fin, cual es el conocimiento positivo. Es la época del dominio del sistema de pensamiento llamado "Positivismo" y del dominio comtiano del rupturismo original. Herbert Butterfield (1900-1979), aún en 1949 proclamaba la nimiedad de la magia y lo oculto frente al fulgor de los descubrimientos científicos . Aún hoy, desafortunadamente, la Historia de la Ciencia recibe este tipo de tratamientos, aunque ocasionalmente .
Si bien esta etapa nació sin opositores, hay que hacer notar la existencia, a finales de la misma, de historiadores que ya empezaron a cuestionar esta hegemonía y a considerar a la magia como algo importante, cuanto menos. Fue el caso de Erik John Holmyard, quizá el mejor historiador de la ciencia medieval de los años veinte. A través de su extensa obra, nos dejó patente el interés con que hay que tratar estas cuestiones . Otro notable ejemplo fue el de John Read, ya citado, en su día director del Laboratorio químico de Saint Andrews, y firme defensor de las tesis continuistas . También queda adscrito a este grupo otro medievalista, John R. Partington. Él evitó la polémica sobre la naturaleza del Renacimiento, aunque sin escatimar demostraciones de la importancia del estudio de la magia; todo ellos en combinación de publicaciones sobre la historia de la química y la de la alquimia, en forma de libros y artículos , respectivamente. Ya en los años sesenta, Walter Pagel analizó la magia, la filosofía y el pensamiento alquímico de Paracelso dentro de la misma línea de los anteriores . Completa la nómina el sinólogo Joseph Needham, profesor de Cambridge, quien se declaró partícipe de las ideas de los anteriores . Todos ellos, aunque consideraron a la magia como un factor importante, no entraron en debates ni en discusiones, aún cuando muchos de ellos publicaron sus trabajos en el momento más "caliente".
El momento crucial del debate en la segunda etapa tuvo por figuras centrales a los citados Lynn Thorndike y a Francis Yates, ya con un par de décadas de actividad. El primero, claramente continuista, elevó el ámbito de lo oculto a la categoría de objeto de estudio formal. Ya desde los años treinta dudaba de los intereses y aportaciones retóricos y literarios de los humanistas para la ciencia en sus artículos cortos, atizando el debate sin rubor . En general, toda la obra de Thorndike está desequilibrada hacia lo oculto, que es presentado de forma positiva, sin que ello nos deba llevar a rechazar que su inmersión en una vasta tradición (la de la magia y la ciencia experimental) fuera acompañada instrumentalmente por su dilatada erudición. Al poco los historiadores tomaron posiciones a favor y en contra. A través de sus publicaciones podemos ver, cuanto menos, lo enriquecedor que resultaba la existencia de estas posiciones enfrentadas, máxime cuando trataron de superarse mediante sus investigaciones. Los que se adhirieron a Lynn tienen una característica común: son especialistas que habían trabajado, o trabajaban por entonces, en la Historia del Arte. Ya nos sonarán; son Paul O. Kristeller, Eugenio Garin, Paolo Rossi, Cesare Vasoli y, especialmente, la señora Yates . Los opositores también pueden ser agrupados bajo un denominador común. En general han estudiado la historia de las ciencias físico-matemáticas, la óptica, la mecánica. Para ellos, el único valor de las "artes operativas" de los magos consiste en haber acumulado bases empíricas, haber hecho instrumentos y métodos que la auténtica ciencia aprovecharía más tarde. Incluso alguno de ellos, como Otto Neugebauer, dijo que la razón de dejar fuera de sus estudios a la Alquimia se debía a que no era "experimental", cuando una de sus características es, precisamente, su cualidad "operativa" . En este grupo, por supuesto, se encuadra Alexander Koiré, Edward Rosen, biógrafo de Copérnico y especialista de sus teorías, I. B. Cohen, primero detractor del carácter acumulativo de la "nueva ciencia" y, luego, más atenuado, respetuoso hacia el Hermetismo ; y el ya citado Edward Grant.
En medio de este fructífero debate que va desde Thorndike a Yates vio la luz, y ajeno al mismo, el mejor estudio general sobre el Hermetismo, coincidencias aparte. Fue el hecho por el padre A. J. Festugiére, llegando a inaugurar y consagrar un nuevo lugar para el hermetismo en la ciencia . Desde Festugiére en adelante, las publicaciones sobre el hermetismo, su influencia en el Renacimiento y su íntima relación con la alquimia son de tal volumen que han merecido un apartado separado en este trabajo al cual me remito. Ahora sólo constatar que fue en este momento bullicioso de la Historiografía de la Ciencia cuando nació. Como dije arriba, fue, junto a Thorndike, la señora Yates quien protagonizó la última parte del debate, llevando las posiciones a extremos insospechados. Con ella, el Hermetismo, la alquimia y el neoplatonismo fueron, sin ningún género de dudas, los auténticos motores de la Revolución Científica. Para Yates, el neoplatonismo preparó el camino hacia la ciencia del siglo XVII y el Hermetismo estimuló la transformación de la visión del mundo que se operó entonces .
La última etapa nació justo en el momento en que Yates lanzó su tesis. El efecto inmediato fue semejante a lo ocurrido con Thorndike: un aluvión de posicionamientos a favor y en contra. Aunque, en esta ocasión, los detractores fueron más "violentos", más radicales. La influencia de lo ocurrido alcanza a nuestros días, si bien bajo la forma de las cuestiones metodológicas citadas al principio (externalismo-internalismo), y las "visiones sociológicas" de la historia de la ciencia . A favor de Yates, en fin, se situó P. M. Rattansi, que aceptó la influencia del ocultismo en la nueva ciencia . También lo hizo su amigo y colaborador en ediciones Allen G. Debus , que, en esta ocasión dejó sus dudas a un lado y no dudó en mostrar su apego a lo defendido por Yates, como podemos ver en una serie de artículos suyos . Los detractores fueron más numerosos y algunos ya nos sonarán. La mejor argumentación llevada en la serie de refutaciones que le "llovieron" a Yates fue la de Edward Rosen, por directa y por el detallado análisis que acompañaba a los dos artículos de contestación publicados en 1963 . Como se puede ver, toda una guerra en el campo común de los artículos cortos. Incluso la señora Boas Hesse, desde su peculiar "internalismo", se opuso a Yates , igual que hiciera Paolo Rossi, pero siempre desde su estilo ecuánime .
A partir de aquí, desde esta última etapa, podemos establecer la existencia de un tercer grupo, que no son ni defensores ni detractores de las tesis de Yates. Quedaría definido por aceptar la importancia de los dos elementos en liza (magia y ciencia) y situarlos en un mismo nivel, aséptico y distanciado. En sus trabajos se observa que tratan de escudriñar los mismos durante su desarrollo en el Renacimiento y la Revolución Científica, y de hacerlo lo máximo posible, a fin de calibrar su justa dimensión, habida cuenta de la evidente realidad histórica que contienen.
Sus estudios suelen acabar en la figura de Newton, al que considerar como último representante de una serie de hombres capaces de operar simultáneamente en los dos ámbitos intelectuales, de hacerlo, además, sin ningún tipo de violencia mental, o como dijo uno de sus representantes, capaces de "operar en dos tradiciones" . También les caracteriza el deseo de, mediante un reprise, reconsiderar toda la cuestión como la mejor forma de emprender, de nuevo, la marcha con resultados fértiles. Toda una actitud conciliadora, como se puede ver, y, ahora vista, necesaria. Tal tono produjo la adhesión ex loco de algunos historiadores ya mencionados, quizá también debido a su "evolución natural", como John E. MacGuire, quien junto a P. M. Rattansi, estudiaron la presencia de uno u otro elementos en las teorías de la nueva ciencia , o Richard S. Westman y R. S. Westfall . Estos ya no dudan en tratar la alquimia como un objeto historiográfico con entidad per se. Su modo de acción consiste en analizar las dos tendencias, pero de dos formas. Una es el estudio de dos personajes opuestos mentalmente, pero coetáneos y comparar sus tesis para luego enfrentarlas en un único estudio. Es el caso de Judith Field y su artículo sobre Fludd y Kepler, de las visiones cosmológicas de cada uno de ellos . La otra forma es analizar un único personaje en el cual los dos elementos de manifestaron claramente, como es el caso de Newton.
Le problème des Novatores chez l'espagnols à la fin du 17ème siècle (3)
Ce sera dans dernières années du 17ème siècle XVII que les différentes polémiques établies entre des traditionalistes et renovateurs changeront de scène, en transférant l'action à la ville de Séville. Où a la fin du siècle, comme dans d'autres parties de la Péninsule, le traitement d'un patient était pactise accordé, préalablement à son application, à travers des Assemblées des médecins, composés par deux catégories différentes de professionnels. D'une part les docteurs ; de d'une autre, les médecins revalidés. La différence entre les deux était académique : tandis que les docteurs possédaient des longues années de formation universitaire, les revalidés se caractérisaient par leur pratique obtenue après des années d'expérience avec des médecins déjà reconnus. De tout façon, tous les deux avaient besoin de l'approbation du Protomedicato pour pouvoir exercer la médecine. Des Assemblées avaient un président, qui était toujours le plus ancien dans l'exercice. Par un accord entre docteurs et revalidés sévillans, on respectait l'antiquité dans l'exercice pratique sur formation académique. En 1696 cet accord fut rompu celle-ci concordia a été défaite par les docteurs du cloître médical de l'Université de Séville, en décidant que c’étaient eux qui devraient présider les Assemblées et pas les revalidés, ce qui provoqua que cette nouvelle situation devait être résolue dans le cadre judiciaire. Ce qu'initialement sembla une dispute par honneur déchaîna une polémique féroce dans plusieurs fronts. Ayant comme basse une fois de plus, la confrontation entre les défenseurs de la théorie galénique et des adroits pratiquants de l’art spagirique, avec la crainte des premiers de se voir supplantés de leurs positions privilégiées par le prestige croissant des deuxièmes.
Nous pouvons ici considérer trois phases de la polémique: la première, motivée pour la confrontation entre les revalidés et les docteurs par la présidence des assemblées ; la deuxième, confronta les deux groupes pour questions philosophiques, thérapeutiques ou des naturalistes ; la troisième, finalisât avec la légitimation des ceux revalidés par le monarque Charles II lui-même, avec la création de la Royale Société de Médecine de Séville. Face à d'autres polémiques précédentes, celle-ci commença avec les galénistes. Ce fut leur décision de présider les assemblées de médecins qui déchaîna tout le processus postérieur, avec des conséquences incalculables pour les deux groupes au moment initial de la lutte. Les positions des docteurs sévillans ont été défendues par Alonso López Cornejo, professeur de prime de l'université de Séville et médecin des Alcazares Royales à travers la publication d'un texte intitulé Question médicale légale, on peut suivre chacune des allégations exprimées par les médecins revalidés pour obtenir à nouveau la présidence des Assemblées et celles des docteurs pour les maintenir. Certaines entrent dans des recherches d’investigation véritablement subtiles ; mais d'autres nous aident à comprendre la situation interne et leurs relations. Par exemple, les revalidés ont allégué que ce devrait être le médecin le plus âgé qui aurait la présidence. Les docteurs, devant cette prérogative tellement traditionnelle n'ont pas refusé, mais, lui ils ont fait de telle sorte que l’élu fut un docteur.
Il est évident que les questions contestées étaient plus nombreuses. Les docteurs prétendaient conduire leur autorité supposée académique au-delà des enceintes proprement universitaires, comme était le cas des Assemblées. Le problème, pour les revalidés, était dans le caractère éminemment pratique de ces dernières, dont la finalité était de proposer le meilleur remède au patient. C’est ainsi que le fait de les assemblées seront présidées par un docteur, le malade pourrait ne pas recevoir le meilleur traitement à sa maladie, con que, si la formation théorique était supérieure, chez le docteur, l’expérience et la practice, était supérieure chez le revalide. Ce fut l’argument exposé par le représentant des revalidés dans cette phase de la polémique, Miguel Melero Ximénez qui, avait été élève de López Cornejo lui-même.
C'est-à-dire, une chose c’était de diriger des exercices littéraires et une autre très différente de choisir la thérapie la plus appropriée pour un patient. Dans l'oeuvre de Melero apparaît déjà la primauté de la pratique devant la théorie, caractéristique fondamentale de la pensée du renovateur. Les docteurs sévillans ont entamé les démarches nécessaires pour obtenir un décret du Protomedicato où il serait interdit à aux revalidés de présider les assemblées. En contrepartie Miguel Melero, en qualité de représentant des médecins revalidés, a envoyé un document au Protomedicato où il rendait compte de la situation et exposait nia les raisons qui les appuyaient. La résolution finale est venue de la main de García Bazan, président de la Royale Chancellerie de Grenade, qui a donné la raison aux revalidés. Nous savons que les docteurs n'ont pas accepté de bon gré ne pas atteindre leurs objectifs. Mais plus important que cela c’est que les revalidés ne se sont pas senti conformes. Pourquoi ? L'explication a deux motifs. Le premier a été que lorsque les docteurs recevaient les citations pour assister aux assemblées qui, par sentence, devaient être présidées par un revalidé, ils n’assis l’aient pas. Nous déduisons donc comme second motif de l’incommodité des revalidés, est la véritable cause du refus des docteurs de soumettre à la sentence : le rejet qu'ils sentaient par le genre de remèdes indiqués par les revalidés, et qui étaient préparés selon l'art de séparation>. Ces pratiques étaient antérieures à la date indiquée comme début de la polémique, d’après le médecin sévillan Cristóbal de Luque :
assisté par deux médecins si rationnels qu'ils ont arrêter exécution de remèdes,
au temps convenu, et de les administrer utilement au moment précise. Au
quatrième jour certains symptômes et d’autres ont surgi et méfiant de l’arrêt
prudent de remèdes, le patient et sa famille convoquent un chimiste en croyant
corriger ainsi avec leur diligente administration de secours la paresse et la
négligence dont ils accusaient les médecins. Je le refuse a rentre en compagnie
d’un hôte si extraordinaire, insistant sur l'inutilité d'un tel collègue, pour
un vote en matière tellement grave. >
En voyant que les Auteurs modernes spagiriques, apportent la méthode curative la
plus suave, et délicieuse, les anciens, décidèrent de se rassembler tous les
soirs chez le Président, et alternativement prendre des notes points, et lire
une demi - heure, et l'autre demi-heure poser des arguments ensuite en
conférence sur la maladie, que chacun traitait, et ce qu’on ignorait, avec cette
étude on l’apprenait.
Que la Doctrine, qu'ils suivaient était la Spagirique, que celle-ci n'était pasAprès l'entrevue, le Protomedicato a donné le rapport au Conseil Royale :
nouvelle, qu’en Egypte elle fut practiquée par Hermes Trimegiste.
En disant, que non seulement c’étaient de bonnes doctrines, mais très utilesPar conséquent, depuis le 25 mai de 1700, par cédule royale de Charles II, commençait son existence la Royale Société de Médecine des Revalidés sévillans. La Société Royale est née avec une intention clairement enseignante, consacrée à l'enseignement des pratiques spagiriques et anatomiques et la publication de tous les résultats obtenus. La défense de l'art spagirique est constante à travers tous les documents de la Société Royale, en soulignant la position clairement conciliatrice qui n'avait pas été observée dans des polémiques précédentes :
pour le bien public, et vu par le Conseil, informe Monsieur Charles
Deuxièmement, et Sa Majesté. a approuva, et constitua l'Académie Royale
triomphante de ses Adversaires.
La Spagirique, supérieur par sa vertu, et son efficacité, où arrive la méthode,6. La dernière bataille d'une guerre : La polémique de l'antimoine
et la science de Galène n’y parvient pas: parce qu'être médecin parfait, sans
l'utilisation rationnelle de la Spagirique c’est une chimère. (...) L’art
Spagirique a aussi ses limites, et sans comparaison, plus étendus, que ceux de
Galène, et si en conséquence, elle ne guérit pas, ce qui est certain c’est,
qu’elle est d'utilité supérieure, et donc plus puissante, que la science
pratique de des Galénistes, et ceux-ci ne font pas, ni feront jamais les
miracles réalisés par les Spagiriques.
C’est en ce moment, avec la création récente de l’Académie Spagirique et l'obtention de l'appui officiel, que se produira tout un changement de conjoncture mettant en danger les réalisations obtenues au prix de tant d'efforts. Le 1er novembre 1700, Charles II, le dernier descendant de la Maison de l'Autriche, meurt, c’est son petit-fils Luis XIV, Felipe d'Anjou qui va le succéder. L'arrivée des Bourbons au trône espagnol motivera tout un processus de changement dont les conséquences ont commencé à être visibles des les premiers moments du règne de la nouvelle dynastie. En profitant de la situation de désaccord que tout changement dans le pouvoir suppose, les docteurs sévillans repris avec recrudescence leur lutte contre les revalidés et ont dénoncé à nouveau leurs pratiques spagiriques, l'emploi non-discriminé de remèdes élaborés à partir de l'antimoine, qu’ils considéraient "un poison puissant, qui brûle les corps et que ceux qui ont pris l'antimoine, meurent au bout d’un an". Ils ont ouvert un dossier dans l'Audition de Séville contre les partenaires et ont sollicité par lettre à toutes les universités de l'Espagne la destruction de la Société, ou la Réunion entre amis.
Dans ce contexte se sont produits deux événements qui allaient marquer de manière décisive le devenir de l'art spagirique en Espagne. D'une part, Juan Muñoz et Peralta, président de la Société Royale, rendit hommage au nouveau monarque, sollicitant sa protection. Avec l'approbation d’Honoré de Michelet, médecin Philip V et président du Tribunal du Protomedicato, la Société Royale a été favorisée avec la protection royale. D'autre part, apparaît un document de Diego Mateo Zapata en défense de l'utilisation de l'antimoine et de la science pratiquée dans la Société Royale, la Crise médicale sur l'antimoine (1701), qui provoque une vive polémique durant les années suivantes. Zapata était le médecin personnel médical du cardinal Portocarrero, un des protagonistes de l'élection du successeur à la couronne espagnole et principale valeur du parti français. En dépit de ses origines galénistes, Zapata s’est transformé en le défenseur plus renommé de la science moderne dans les débuts du 18ème siècle. De cette manière, le nouveau siècle commençait avec l'union de volontés : des représentants de la rénovation et de la médecine officielle ont uni leurs intérêts pour offrir l'impulsion finale dont avait besoin la Société Royale de Séville et ils ont pris l’antimoine comme symbole de leur union, le médicament le plus contesté de la thérapeutique moderne. L'objectif de Zapata avec sa Crise médicale sur l'antimoine était d'obtenir la protection Felipe V en utilisant la défense d'un médicament clé dans sa propre famille, qui avait guérit son grand-père et son père. De cette manière, Zapata voulait être le représentant d'une science moderne, au même niveau que d'autres Européens, avec des académies scientifiques de style rénovateur. La guerre française de l'antimoine du 16ème siècle se dans un symbole de la lutte entre galénistes et paracelsistes. Non seulement les vertus thérapeutiques de cette substance étaient en jeu, mais celle de tous les médicaments chimiques, par extension. La situation française établit un précédent en Europe et, particulièrement, en Espagne, et fut utilisée tant par les traditionalistes comme par les rénovateurs, pour faire valoir leurs idées à ce sujet. La guerre espagnole de l'antimoine particulière se déroula avec une force spéciale dans la première décennie du 18ème siècle, bien que durant l'année 1598 le Protomedicato approuve l'utilisation d'une médecine d'antimoine : la cinquième essence d'or d'Alejandro Quintilio. Les origines doivent être cherchées un siècle avant, au début du 17ème, avec l'approbation des poussières de Quintilio par le Protomedicato>. En général, les médecins galénistes étaient contraires à l'utilisation thérapeutique de l'antimoine, étant dangereux pour la vie. Mais les avis ont aussi été favorables, comme le protomedico Gaspar Bravo Sobremonte qui, dans ses Consultations médicales, consacre une étude monographique à l'antimoine. Bien qu’il soit galéniste convaincu, Sobremonte considérait l'art spagirique comme un recours technique complémentaire à la médecine galénique et s'est occupé de nombreux médicaments préparés à partir d'antimoine. Tout paraît indiquer qu'en Espagne on utilisa l'antimoine de manière habituelle, sans causer les problèmes observés dans d'autres pays européens tout au long du 17ème siécle. De fait, dans les tarifs de médicaments approuvés par le Protomedicato en 1680 et 1698 apparaissent quelques composés antimoniales, parmi lesquels il faut souligner le crocus metallorum, l'antimoine diaforetico et l'antimoine préparé. D'autres médecins galénistes en faveur de l'antimoine ont été Gaspar Caldera de Heredia, Pedro Miguel de Heredia ou Juan Guerrero lui-même, célèbre par son attaque frontale avec Luis d'Alderete. Mais l'antimoine arrive presqu'à empoisonner la duchesse de Medinaceli, qui a été sur le point de périr par une mauvaise correction de l'antimoine. L'oeuvre de Zapata a été critiquée ou soutenue par beaucoup de médecins. Un de ceux qui sont favorables a été Juan Muñoz et Peralta, qui dit :
Un remède tenez tellement l'antimoine dans la faculté Médicale, comme entre
autres célèbrent-ils avec la spécialité, et fondement qu'habituent-ils les sages
Auteurs français Modernes, en dédaignant ce qui est impostures, que pour ignorer
sa nature, ont-ils faites les Anciens Parisiens, contre dont l'accusation avec
meilleur accord suis-je déterminé, comme nécessaire l'utilisation de ce remède
avec lequel a restitué la santé parfaite le Monsieur Roi très chrétien, et
Monsieur Dauphin, Père de notre Roi, et Monsieur (que Dieu garde).
00000
Au mois de juin de 1698 arrive à Madrid une demande d'appui français de iatrochimique Raymond Vieussens. Vieussens considérait que sa meilleure contribution à la Médecine était la découverte d'un sel acide dans le sang, obtenu par distillation. En 1698 il a exposé sa découverte a la faculté de Médecine de Montpellier. En finissant il fut attaqué par Pierre Chirac, professeur de cette faculté, qu’il accuse de plagiste en alléguant que c'était lui le véritable inventeur de ce sel. Ce fut une forte discussion et Vieussens demanda l'appui de beaucoup de collèges de médecins de l'Europe. À leur faveur ils ont répondu aux collèges Lyon, Bordeaux, Leipzig, Sienne et de la Royal Society de Londres. En Espagne, la réponse fut donnée par Juan du Bayle, un pharmacien qui travaillait dans le Royale Laboratoire Chimique de Madrid. Dans la seconde moitié du 17ème siècle, les iatrochimiques se sont intéressés au sang. Le premier a été Van Helmont, qui considérait que dans le sang était l'esprit vital, et le cherche par distillation. Van Helmont a été suivi par Thomas Willis et Robert Boyle, qui a vu aussi que dans le sang réside un esprit auquel il a donné des propriétés admirables. Vieussens a continué Boyle, en indiquant l'existence d'un sel acide dans le sang. Juan del Bayle a reproduit de forme précise les processus de Vieussens et trouva plusieurs erreurs, comme par exemple utiliser des verres de bronze pour calciner le sang et les fours en argile, non appropriés pour la torréfaction. Ainsi, Juan del Bayle élabora sa réponse à Vieussens, en rejetant ses idées. En obtenant ainsi, le titre de spagirique de plus grand en 1698.
Le problème des Novatores chez l'espagnols à la fin du 17ème siècle (2)
Mais il ne s'agit pas seulement d'une lutte entre tradition et modernité, centrée sur l'aspect intellectuel, mais entourée des facteurs sociaux, politiques et personnels. La connaissance pleine de la situation passe par l'analyse en profondeur des principales polémiques qui ont fait face à des traditionalistes et renovateurs : l'appel polémique sur l'Eau de Vie de Luis Alderete y Soto, qui marque le point de sortie de tous les autres, l'emploi du quinquina, les nouveaux médicaments chimiques et la dénonciation du retard de la science espagnole, entamée par le médecin de Valence Juan de Cabriada ; ce qui est arcanes curatifs et la tentative de création d’une Académie Spagirique Madrilene de fray Buenaventura Angeleres ; les médecins sévillans revalidés, la création de la Royale Société de Médecine de Séville et l'appel polémique de l’antimoine, déjà plongée en plein 18ème siècle. Tout signale que les polémiques autour de l'utilisation ou non de médicaments chimiques sont, ni plus ni moins, que diverses façons de monopoliser l'intérêt pour atteindre une certaine quote-part de pouvoir. Ainsi, les polémiques d'Alderete et d’Angeleres sont motivées par le discrédit de la médecine officielle et la recherche de remèdes dans d'autres domaines ; la polémique de Cabriada est une confrontation avec les galenistes fermés à l'acceptation d'une nouvelle façon de traiter l’infirmité ; la polémique des médecins revalidés sévillans commence par une injustice de la médecine académique, qui récompensait la formation universitaire face à la pratique quotidienne ; la polémique de l'antimoine est, de toute évidence, une lutte pour la consolidation, devant le nouveau roi français d'un secteur de la médecine courtoise, dirigée par Diego Mateo Zapata, médecin personnel de celui qui est le principal
1. L'Eau de Vie de Luis Alderete y Soto.
Le point de départ des polémiques sur les médicaments chimiques en Espagne vers la fin du 17ème siècle commence avec l'apparition de l'Eau de Vie, supposé être un médicament élaboré par le Regidor Perpétuel de la ville de Málaga, Luis Alderete y Soto. Les premières nouvelles sur l'application de l'Eau de la Vie datent de 1673, selon la déclaration de son auteur. Ce sera à partir de son établissement à Madrid, en 1678, après avoir été nommé Avocat Majeur dans les Conseils Royales avec la mission de suivre et défendre les procès que la ville de Málaga en la Cour, que commencera la véritable diffusion de l'Eau de la Vie. Sa renommée et prestige ont été étendus par toute Espagne, la même manière que d'autres panacées, jusqu’à ce que le 5 décembre de 1681 les Tribunaux Royaux du Protomedicato interdit la Médecine Universelle ou l'Eau de Vie de cadeau Luis, en même temps qu’il l’obligeait, sous menace, a lui révéler les ingrédients et la manière de la faire devant les membres du tribunal. Alderete cherche protection auprès du roi Charles II, au moyen d'une série de mémoriaux, en même temps qu'il préparait une réponse en toute règle contre la déclaration du Protomedicato. Il est allé même jusqu’à défier les médecins madrilènes a une session curative dans des divers hôpitaux de ville, défi à auquel ils n'ont pas répondu en disant qu'Alderete guérissait traitait en accord avec le diable, accusation qu'Alderete rejeta.
À partir de ce moment les documents qui apparaissent à faveur ou en contre Luis d'Alderete et son Eau de la Vie sont nombreux. Les principales attaques viennent des médecins habiles de la philosophie chimique tels que Juan Guerrero, Andrés Gámez et Justo Delgado de Vera, à quoi il faut ajouter les attaques furibondes de personnages appartenant au secteur traditionaliste le plus orthodoxe, entre lesquelles le docteur Andrés Dávila y Heredia>. Comme défenseurs de Luis Alderete y Soto il faut souligner ressortent Luis Amigo y Beltrán et frère Andrés de Villacastín. En réalité, qu’est-ce que c’était l'Eau de la Vie ? Nous ne connaissons pas la composition précise, parce que Luis Alderete y Soto ne l’a jamais dévoilée, même s’il avait critique le mystère et l'obscurité qui entourait les documents d'autres auteurs qui ont connu ce secret avant lui. Tout paraît indiquer qu'il s'agissait d'une version renouvelée de l'élixir vitae ou la quintessence des alchimistes médiévaux, comme il en ressort des descriptions de son obtention faites par Alderete. En outre, Alderete n’a jamais réclame comme sienne l'invention de ce médicament>. Si nous croyons Félix Palacios, l'Eau de la Vie n'était autre chose que le Spiritus Manna. En dépit du Protomedicato, l'Eau de la Vie continua a registrer toute sorte de succès thérapeutiques. Même le roy lui-même Charles II s'intéressa à son élaboration. Par ordre du roi, frère Andrés de Villacastín rencontra Alderete. Villacastín était un pharmacien renommé et médecin, formé dans le monastère de San Lorenzo de l'Escorial, avec bulle papale pour exercer la médecine et autorisé par le Protomedicato. Expert en chimie, il écrivit une des plus ardentes défenses d'Alderete et son Eau de la Vie. D’après lui, a son origine dans la jalousie attisée parmi les médecins, qui voyaient leurs en danger si le remède d'Alderete guérissait traitait toutes les maladies. Dans la polémique sur l'Eau de la Vie nous commençons déjà à observer quelques caractéristiques communes dans autres polémiques postérieures. Entre elles, on souligne l'emploi de la religion comme arme renvoyée contre les novateurs, les grandes connaissances des alchimistes observé chez les traditionalistes intransigeantes ou le rôle que les pharmaciens devaient représenter dans tout le processus d'acceptation des nouveautés chimiques dans l'élaboration de médicaments. >
Tout au long des deux dernières décennies du 17ème siècle nous observons comment on accuse les novateurs de suivre des doctrines hérétiques, circonstance profitée par les orthodoxes pour essayer de mettre fin à un processus qui était perdu à l'avance : freiner l'évolution naturelle de la science. On a traditionnellement considéré que la pragmatique de Philippe II de 1559, interdisant la sortie d'étudiants à l'étranger, et les normes restrictives de l'Inquisition, au sujet du registre de tous les livres qui arriveraient à Espagne et l’élaboration d'indices de livres interdits, ont agi comme une barrière insurmontable pour la diffusion des nouvelles idées philosophiques et scientifiques. La lecture des oeuvres produites dans l'Espagne de la fin du 17ème siècle nous montrant un panorama bien différent. Le rendez-vous d'auteurs interdits se transforme en une pratique habituelle aussi bien chez les auteurs renovateurs comme chez les traditionalistes. Il est quand même surprenant que l'oeuvre de Villacastín, texte consacré à la défense de la chimie et d'un remède alchimiste comme l'Eau de la Vie, soit approuvé clairement par des représentants renommés de la curie religieuse espagnole. Entre autres, par frère Jerónimo de la Cruz et frère Joseph Berger, membres significatifs de l'Ordre de San Hieronymite.
Attire surtout notre attention les hautes connaissances manifestées de deux côtés, partisans et détracteurs de l'Eau de la Vie, sur les divers concepts encadrés dans la tradition alchimiste. Cette surprise ne serait pas si grande si on connaissait la réalité historique et si on cessait de considérer qu'entre l'alchimie et la chimie il existait, au 17ème siècle, une opposition claire, une conception totalement éloignée de celle considérée par les scientifiques d’alors. Pour eux, chimie et alchimie étaient deux termes synonymes. Ainsi, Villacastín defini la chimie comme un art qui enseigne comment dissoudre les corps naturels mixtes, et à les fixer pour faire les médicaments plus agréables au goût, plus sains, et plus sûrs. Et il différencie deux parties de la chimie : une, qui s’occupe de la préparation des médicaments sur des animaux, des minéraux, des métaux, des pierres et des végétaux et une autre, que traite des métaux et ses transmutations, appelée Alchimie, Alchemia, Crisopeya, Métallurgie, Art Aurifère ou Art Hermétique. Très proche de cette position se trouvent les thèses d'Andrés Gámez, la voix de la médecine officielle, qui recommande à Alderete de ne prétende pas enseigner au Protomedicato, l'existence de la pierre philosophale, parce que tous les médecins instruits ont connaissance de ce fait, ayant lu beaucoup d’auteurs qui ont disserté sur le sujet, entre autres, Van Helmont : qui est l’auteur que tous possèdent l'ont, affirme, que en sa présence, un étranger a fait la transmutation du mercure en or fin, avec une petite quantité de certaines poudres. Alors, il n’est plus nécessaire aucune persuasion, pour que chacun ait, dans cette matière, la foi qu’il croirait juste. C'est-à-dire, non seulement il démontre la connaissance parfaite de toute le corps médical officiel de l'oeuvre de Van Helmont, auteur interdit par les index inquisitoriaux, mais il se montre ouvert à tout genre d'interprétations en ce qui concerne la possible transmutation alchimiste. Perfectionnement, il expose même son avis personnel, considérant la transmutation comme une purification et une amélioration de la matière : la Médecine universelle purifie l'homme, comme l'antimoine à l'or ; mais ni celle-là, ni celui-ci les transmutent : la pierre philosophale d'un métal réalise un autre plus parfait, mais d'espèce différente.
Ce sera aussi dans cette polémique qu’apparaîtra pour une première fois l’affirmation qui va être très fréquente dans les documents postérieurs : ce sont seulement les pharmaciens qui seront intéressés à connaître par la connaissance des pratiques spagiriques. Les Pharmaciens savent tout ce qu’il faut savoir de la Pharmaceutique Spagirique Rationnel ; parce que cet Art est celui qui est correctement appelé Separatoria, avec lequel les remèdes sont préparés, et purifient, et purgés de leurs impuretés, on applique davantage d'essentielles, et d’actifs. C’est ainsi qu’elle est définie par les spagiriques :
« Est ars corpora naturalia mixta solvendi, & ; soluta coagulandi ; ad medicamenta gratiora, salubriora & ; ratiora consinanda>.
Et parce que sa finalité est de mieux préparer les remèdes, cela n’appartient qu’aux les Pharmacopoeas il appartient. Cette vision défendue par les traditionalistes modérés, loin de supposer une défense de la classe pharmaceutique, paraît plutôt une façon d'éloigner l'attention du véritable intérêt des défenseurs de l'art spagirique : institutionnaliser ses pratiques, créer tout un corpus doctrinal au-delà des simples tâches de laboratoire. Surtout lorsque nous avons la certitude de l'inaptitude de beaucoup de pharmaciens, comme assurent certains de ses meilleurs connaisseurs, entre autres, le même Villacastín : « les étrangers se moquent de nous, et les espagnols nous devrions pleurer sur la façon d’agir de les Pharmaciens, que tout est mécanique. J’en ai connu beaucoup qu'il ne savent pas lire ; et très peu ceux qui ont su un peu de latin ; et rares ceux qui dans cette petite capacité ont su agir sur ce qui sont leurs difficultés, qui pouvaient se battre avec des couteaux de plomb. D’un autres côte, se les excuse, pour ne pas les énerver, qu’ils ont suivi les Pharmacopoeas de romance, et pas les latines modernes ; qui ont corrigé beaucoup de choses. Si le Protomedicato retournait ses Archives, il y trouverait des causes des Pharmaciens, et une avec une sentence de mort de pendaison, et le motive est si grand qu’on ne peut pas l’écrire ici et donc il n’y a pas de motif pour en faire référence.
Les polémiques, objet d'étude du présent travail ont été encadrées, dans l'historiographie de la science espagnole, dans le mouvement novateur, prenant ce terme comme synonyme du renouvellement produit par la science de la fin du 17ème siècle XVII. Toutefois, ce terme novateur a une signification plus vaste. Il apparaît dans le contexte philosophique du 17ème siècle, spécialement dans les polémiques anticartesiennes surgies en France, et dues a la confrontation entre les scolastiques et les rénovateurs ou novateurs. C’est celle-ci est la signification qui est attribuée a ce terme en Espagne. Les premières polémiques autour ce terme apparaissent dans la seconde décennie du 18ème siècle, quand le religieux Francisco Palanco, examinateur de l’Inquisition, l'utilisera comme synonyme d’orgueil et d’hérésie. Rapidement il est contesté par des défenseurs de la nouvelle philosophie, comme Francisco de La Paz, professeur de théologie, qui signale que la dénomination de novateur ne peut pas être appliquée à ceux qui défendent une doctrine aussi ancienne que celle des atomes ou par Juan de Nájera qui, sous le pseudonyme d'Alejandro d'Avendaño, défend les mêmes postulats. cette dernière oeuvre est précédée d'une large censure de Diego Mateo Patin, dont la principale préoccupation consiste à rendre acceptables aux théologiens les nouvelles théories physiques encore au prix même de relativiser sa nouveauté, devant le danger qui supposait une confrontation directe avec la religion. Mais le je termine novateur était déjà apparu trois décennies avant dans la littérature espagnole. Ce fut Justo Delgado de Vera, un des détracteurs Luis d'Alderete y Soto, le premier à qualifier comme novateurs tous ceux qui souhaitaient introduire des nouveautés en matière thérapeutique :
Par chance, l'Eau d’or très pur, ou l’or potable, l’Eau de Vie, et l’Eau de Vin
(qui est l'esprit) et l'eau ardente rectifié, est une même chose, selon Arnaldo,
dont on déduit combien facilement il est lui cite par son Eau de Vie les
présents Novatores
C'est-à-dire, ceux qui sont considérés par l'historiographie actuelle comme appartenant à la subculture scientifique extra-académique étaient pour leurs contemporains des novateurs. On enfermait dans un même sac à des personnages défenseurs des plus traditionnels pratiques alchimiques avec des connaisseurs iatrochimiques des nouveautés les plus récentes. Tout cela abonde dans notre théorie sur la classification des divers personnages engagés dans des polémiques à la fin du 17ème siècle XVII. Nous pouvons seulement établir deux grands groupes : les défenseurs et les détracteurs de la philosophie chimique comme nouveau système d'explication du macro et du microcosmes. Le Protomedicato n'a pas été impassible devant les événements déliés dans les deux dernières décennies du 17ème siècle. Nous avons déjà vu que, dans sa qualité de défenseur de la santé publique, il interdit la dispensation de l'Eau de la Vie si on ne découvrait sa composition, mais ordonna à un de ses membres, le
3. Juan de Cabriada et La Charte philosophique medico-chymica (Madrid, 1687)
Lorsqu’il semblant que s’éteignaient les derniers étincelles de la polémique sur l'Eau de Vie surgit la deuxième des grandes polémiques: celle motivée par la publication de la Charte philosophique, medico-chymica du médecin de Valence Juan de Cabriada. Le première motif de la charte est le commentaire des fièvres souffertes par un Grand de la cour et les mesures thérapeutiques appliqués par l'assemblée de médecins qui se sont occupé du patient. Celui-ci était formé par les principaux représentants de la médecine officielle et, parmi eux, se trouvait Cabriada, qui diffère de l'application de remèdes classiques. Après avoir exposé son avis, plus proche des doctrines modernes, il observa comment l'assemblée récriminait. Ce fut le motif qui origine la charte de Cabriada, dont la finalité de lever les propriétés thérapeutiques bénéfiques du quinquina, des médicaments chimiques et de dénoncer le retard de la science espagnole. Le nouvel aspect de l'oeuvre de Cabriada est la conscience de se trouver dans une nouvelle étape, où l’on a découvert beaucoup d'aspects qui sont restés spécialement occultes aux anciens, surtout le domaine de la Thérapeutique :
On a découvert des grands médicaments, superbes, que l'Antiquité ignora. On a
pénétré jusqu'au plus intime de la Nature : Il n'y a pas eu de Minéral, ni de
Métal, à celui qui ait pas ouvert les seins plus occultes, pour parvenir aux
Nouvelles les plus occultes
Il plaide pour l'expérimentation centrée sur trois types de savoirs : anatomiques, pratiques et chimiques, avec une incidence spéciale sur ces derniers. Ce ne fut Cabriada le premier à souligner l'importance de la chimique pour la pratique médicale. Presque quarante ans, le moine bénédictin Esteban Villa fit la première défense radicale de la chimique thérapeutique, devenant ainsi un avancé de la rénovation scientifique espagnole :
Bien qu'il reconnaît ne pas vouloir savoir quelles sont les causes par lesquelles on n'avance pas dans la connaissance expérimentale de la nature, à travers de son œuvre on aperçoit deux raisons fondamentales : la paresse chez les scientifiques espagnoles, pour tout ce qui concerne la recherche et la lutte des générations entre dogmatiques et renovateurs, synonyme d'anciens et des modernes, respectivement. Lui-même, formé dans les disciplines galenistes orthodoxes, manifeste avoir adopté l'expérience et la raison comme devises après avoir lu en détail les oeuvres des scientifiques européens les plus célèbres :
4. Les arcanes curatifs de Buenaventura Angeleres et l'Académie Spagirique en Madrid.
Quelques années plus tard, on a esayé de réaliser la proposition de création d'une académie rénovatrice, à travers d’un moine franciscain sicilien, fray Buenaventura Angeleres, arrive à Espagne avec le titre de commissaire général des Mineurs Conventuels de San Francisco. Angeleres avait exercé préalablement comme théologien du Prince Marc Antonio Iustiniani, de Venise. Nous ignorons quand arrive-t-il en Espagne, mais le volume de sa production littéraire se concentre dans les années 1692-1693. elle souligne surtout les documents consacrés à la Thérapeutique, dans lesquels il expose sa curieuse interprétation de la Médecine. Pour le premier document « Royal Philosophie », le prologue fut écrit par Juan de Cabriada. C’est un ensemble d’ éloges por l'auteur et son oeuvre. Pour les idées défendues, Angeleres est plus proche des postulés alchimistes traditionnels appliqués à la thérapeutique, à l'existence de la pierre philosophale. Il défend l'idée spagirique de médicament et l'existence d'un médicament universel, élaboré par des procédés chimiques. Il se montre contraire à l'existence de beaucoup de pseudochimiques, qui promettent faussement la transmutation métallique, ou de ceux qui manipulent incorrectement la matière, avec l'intention d'élaborer un médicament. Pour Angeleres sont trois les remèdes universels applicables à toute maladie : le soufre, l'antimoine et le mercure. De tous il offre la prescription et explique leurs admirables vertus. Angeleres exerce la médecine dans la cour madrilene sans être encore autorisé. Très vite sont parvenues nombreuses plaintes au Protomedicato, causées par les effets secondaires négatifs provoqués par certains des remèdes proposés par Buenaventura, qu’il appelait arcanos sanativos. Sur la composition de ces remèdes nous avons seulement des nouvelles à travers de les deux médecins que ont considéré illégales les pratiques : de Pedro Aquenza et d'Andrés Gámez. Il s'agissait, apparemment, de remèdes singuliers effectués à partir de l'or, de l'argent et des perles. Le Protomedicato, comme institution juridique responsable de surveiller la pratique médicale adéquate, dècida d’intervenir dans l’affaire et obliger Angeleres à cesser ses activités. Les motifs ont été plusieurs : l'exercice frauduleux ; la pratique médicale sans la graduation universitaire ; la publication de ses connaissances presque magiques, capables de traiter des saignées attirent beaucoup de patients qui font appel à lui ; et l'utilisation de remèdes de composition inconnu. Informé Angeleres, pour qu'il cesse de pratiquer une médecine frauduleuse, sous peine d'excomunion majeur, décide de mettre en pratique une stratégie capable de légaliser sa médecine : il planifie le projet d'une Académie Spagirique Madrilene avec Charles II comme seigneur et conservateur ; le Condestable de Castille, comme consultant ; Angeleres, en qualité de fondateur ; les médecins royales Andrés Gámez et Juan Bernes comme directeurs ; le chirurgien prétendent, comme ministre exécuteur ; ce qui est proto-médecins, comme assistants et approbateurs les Grands d'Espagne comme académiciens. La proposition d'Angeleres arrive au Protomedicato, pour qu'il informe à ce sujet. On leur insinue a travers du Condestable de Castille de prendre une décision rapidement. Francisco Enríquez de Villacorta favorisait la fondation de l'académie mais Gabino Farina exigea qu’un examine Angeleres et ses arcanes et, si on vérifiait sa bonté, on les admettrait dans la Pharmacie Royale. Comme la résolution finale était logue à venir, Angeleres, fatigué d'attendre, passa à l'action. Le 1er octobre 1693 ; il accusa à Gabino Farina de lui avoir donne du poison, qu'il avait vaincre en prenant ses propres arcanes. Il accusa aussi Pedro d'Astorga de son manque de connaissances pour ne pas avoir visité tant d'universités comme lui et il recommanda à Francisco Enríquez de suivre les philosophes magiques, et abandonner les théories galenistes. En plus il défia à n’importe qui pour voir qui, de tous, guérissait devantage les patients. Le Protomedicato n’accepta pas la défi, mais confia la réponse officielle à un de ses composants, Andrés Gámez, qui déjà avait intervenu dans la polémique de l'Eau de la Vie et de qui connaissait personnellement Angeleres. Gámez réalisa une étude critique de l'oeuvre d'Angeleres, complétant chaque paragraphe en la confrontant à l'autorité d'auteurs spagiriques compétents comme Van Helmont, Oswald Croll ou Luca Donzelli, pour terminer en dédaignant la proposition thérapeutique proposée par le moine.
Gámez considérait la proposition effectuée par Angeleres de créer une académie chimique semblable à celles déjà existantes dans d'autres cours européennes comme très bonne, pourvu que l'exercice des pratiques spagiriques soit en possession des personnes doctes, instruites, c’est ne pas le case d’Angeleres, que Gámez considérait comme pseudo chimique parmi tous ceux qui offraient de grands remèdes et n’avant pas les plus élémentaires connaissances de chimique. Au printemps de 1693, et par déclaration voiture du Protomedicato, on interdit Angeleres l'exercice de la médecine, n'ayant pas l'autorisation nécessaire. En dépit de tout cela, il existe une certitude documentaire qu’il continua à exercer sa vision particulière de la médecine jusqu'à ce que le fut processé par le Tribunal de la Nonciature pour exercer la médecine de manière frauduleuse. Si nous tenons compte des idées proposées par Andrés Gámez, comme représentant du Protomedicato, il ne semble pas que ce Tribunal fut contraire à l'emploi de médicaments chimiques mais à leur utilisation par un empirique, parce qu'il n'était pas recommandable de mettre des remèdes puissants entre les mains des ignorants. Tel est l'argument du Tribunal pour empêcher la création d’une Académie Chimique, ouverte au public, où n’importe qui pourrait acheter de tels remèdes. Il paraît, donc, que la tendance du Protomedicato était d'une politique d’ouverture à l'acceptation de médicaments chimiques comme une arme en plus dans le vaste arsenal thérapeutique. Seulement dès cette position on peut comprendre la décision prise quelques mois plus tard par Charles II d'inclure des remèdes chimiques dans ceux effectués par ses pharmaciens dans la Pharmacie Royale ce qui conduirait ensuite à la création du Laboratoire Chimique Royale.
Le problème des Novatores chez l'espagnols à la fin du 17ème siècle (1)
Depuis une quarantaine d’années, l'Historiographie de la science en Espagne, a défendu la thèse de l'existence d'un mouvement novateur dans le contexte des sciences biologiques et médicales, dirigé par un groupe de médecins consacrés, de préférence, à défendre l'introduction des doctrines modernes dans la Péninsule et leur adéquation aux curriculums universitaires, semblables à ce qu’on observait dans le reste de l'Europe. Cette même historiographie a établi comme modèle d'étude les oeuvres publiées dans les vingt dernières années du 17ème siècle, à partir desquelles, on a défini trois catégories de médecins. 1.- Les galénistes, refusant toute innovation. 2.- Les galénistes modérés, connaisseurs des nouveautés, qu’ils inséraient dans leurs postulats comme simples détails de corrections. 3.- Les novateurs, défenseurs de la science moderne, promoteurs de la rénovation et responsables de la prise de conscience sur le retard de la science espagnole. Il y a autre une quatrième catégorie, connue comme sub-culture extrascientifique académique, composée par les alchimistes, les charlatans et faux chimistes.
Comme base d'étude nous avons pris les polémiques qui ont confronté les deux côtés : partisans et détracteurs, dans les vingt dernières années du 17ème siècle et début du 18ème siècle, toutes elles sur la basse de l’instrumentalisation de l’art spagirique, de l’alchimie et de la médecine chimique. On observe une claire radicalisation de positions : ni l'absence totale de connaissance de la science moderne en Espagne, telle que les ils défendent ce qui est novateurs, ni, non plus, le peu de formation et l’absence de préparation des novateurs, comme défendent leurs détracteurs traditionalistes. Chaque polémique paraît avoir un objectif défini et, tout au moins, qui début dans avec les autres. Toutes apparaissent dans deux points principaux de la géographie espagnole : Madrid et Séville. En général, elles tendent vers une recherche de protagonisme entre les rénovateurs et une crainte de voir chanceler leurs positions de privilège parmi les traditionalistes.
domingo, 14 de noviembre de 2010
ALQUIMIA Y FARMACIA II (Agustín Fernández Merino)
LA MATERIA PRIMA y LOS MEDICAMENTOS
En los recipientes que hemos citado nos vamos a encontrar con sustancias procedentes de los tres reinos de la naturaleza: Minerales y metales (magnetita, hematites, oro, plata, hierro…) , vegetales (hierbas, raíces, cortezas, flores, frutos, gomas, resinas) y animales (órganos desecados, grasas).
También se guardarán los productos ya elaborados: azúcar, miel, vinagres (aceta), aguardientes( aqua vitae, aqua ardens), ácidos minerales (ácido nítrico y sulfúrico), bálsamos, eclegmata, electuarios, emplasta, extracta, morcelli, aceites (destilados y obtenidos por prensado), píldoras, jugos, vinos, jarabes, esperma de ballena, triacas (polifarmacos).
OPERACIONES DEL BOTICARIO PARA CONVERTIR LA MATERIA PRIMA EN MEDICAMENTO
1)Acuere seu acutio: acidificar es añadir un ácido fuerte a uno débil.
2) Coagulatio: coagulación es eliminar los humores.
3) Calcinatinatio: calcinación es convertir un cuerpo en cal o en un polvo finísimo.
4) Combustio: la combustión es la calcinación de las partes de los animales como los huesos o los cuernos.
5) Incineratio: es la calcinación de los cuerpos, animales o vegetales, a los que un fuego intenso convierte en cenizas.
6) Reverberatio: reverberación es la calcinación de un cuerpo con un fuego con llamas en un horno de reverbero.
7) Calcinatio potencialis.
8) Amalgamatio: amalgamación
9) Coementatio: cementación consiste en reducir un metal a láminas y colocarle capa sobre capa con un cemento y llevar el crisol al fuego para que el metal puro se libere de las impurezas.
10) Fumigatio: fumigación es la reducción de los metales a polvo mediante el humo del mercurio
11) Vaporatio: vaporización es la reducción a polvo del hierro o cobre por el vapor del ácido nítrico o del ácido acético.
12) Paecipitatio: la precipitación es la caída al fondo de las pequeñas partículas que se encuentran en un líquido.
13) Circulatio: la circulación es la exaltación, por destilación circular a la que se somete a un líquido en el pelícano o alambique ciego.
14) Clarificatio: clarificación es la purificación de un jugo o de una cocción, eliminando los restos. Se suele hacer con clara de huevo. (La clara de huevo se ha usado también en los conventos para la purificación y clarificación de los licores).
15) Congelatio: congelación es el paso de líquido a sólido.
16) Inspissatio: concentración por evaporación de las partes volátiles.
17) Cohobatio: se produce cuando un líquido destilado se destila de nuevo con los residuos.
18) Coctio: cocción.
19) Conquassatio: quebrantamiento de frutos para obtener el jugo.
20) Cribario: cribar.
21) Crystallisatio: cristalización.
22) Decantatio: decantación.
23) Decrepitatio: decrepitación de la sal común en un crisol.
24) Deliquatio aut deliquium: licuefacción.
25) Despumatio: despumar.
26) Distillatio: destilación.
27) Detonatio: detonación.
28) Digestio: degestión.
29)Dissolutio: disolución.
30) Dulcoratio: endulzamiento.
31) Efervescenctia: ebullición.
32) Evaporatio: evaporación es la separación de los humores acuosos de un cuerpo por su conversión en vapor debido a la acción del calor.
33) Extinctio: extinción.
34) Extractio: extracción.
35) Fermentatio: fermentación.
36) Filtratio: filtración.
37)Fixatio: Fijación.
38)Fusio o liquatio: fusión o licuefacción.
39)Granulatio: granulación.
40)Imbibitio aut impraegnatio: humedecer.
41)Inauratio et argentatio: dorar o platear, es recubrir píldoras con hojas de oro o de plata.
42)Incisio: cortar.
43)Infusio: infusión.
44)Impastatio: empastar.
45)Insolatio: insolación es someter algo a los rayos del sol.
46)Insuccatio: enjugar.
47)Laevigatio: machacar algo sobre el pórfido para reducirlo a un polvo muy fino.
48)Lavatio: lavar.
59)Liquatio: licuefacción.
50)Limatio: limar.
51)Lutatio: recubrir con barro.
52)Maceratio: maceración.
53)Malaxatio: suavizar o ablandar
54)Nutritio: nutrición.
55)Precipitatio: precipitación.
56)Pulverisatio: pulverización
57)Putrefactio: putrefacción.
58)Rectificactio: rectificación.
59)Reductio seu revivificatio: reducción.
60)Sublimatio: sublimación.
61)Trituratio: trituración
EL FUEGO
El farmacéutico, según la Famacopea matritense, debe preparar varios tipos de fuego. Normalmente sólo se usan cuatro tipos:
El primero es muy suave; parecido al que usan las gallinas para incubar los huevos. Se usa en la digestión.
El segundo tipo de fuego se soporta con dificultad cuando actúa sobre la mano. Es adecuado para destilar espíritus calientes.
El fuego de tercer grado hiere la mano cuando tratamos de analizarlo. Este fuego se utiliza para las destilaciones de aceites, aguas vegetales y animales.
El fuego de cuarto grado destruye el tacto. Este fuego se consigue cuando las materias que están contenidas en los recipientes son sometidas a fuego directo. Sirve para la destilación de los ácidos minerales, para calcinar sustancias sólidas y fundirlas.
LOS HORNOS
La Farmacopea matritense define al laboratorio (Laboratorium), donde se preparan los fármacos, como un instrumento pasivo que no debe ser demasiado estrecho y que debe estar en un lugar sano, donde el aire pueda entrar y salir con libertad. Entre otras cosas debe tener una cisterna o un pozo de agua dulce. El laboratorio debe tener hornos de varios tipos y tamaños. En primer lugar, estará dotado de un horno en el que se puedan destilar distintas clases de aguas y espíritus al Baño María, sobre arena, ceniza o al vapor. Además puede tener otro horno llamado de fusión o reverberación, utilizado para las calcinaciones, tostaciones y fusiones. Finalmente, el llamado Horno Universal para llevar a cabo el resto de las operaciones propias del boticario.
ALGUNOS REMEDIOS SINGULARES
No ha sido fácil la elección, hemos tenido que dejar de lado muchos preparados que tienen una historia apasionante: el oro potable, el agua de vida, las quintaesencias, caput mortuum, oximeles, bezoares, cuernos de unicornio, aceites esenciales, jarabes, bálsamos, etc.
EL ROCÍO
El rocío, considerado por la Biblia como un regalo del cielo que fecunda la tierra, sigue siendo utilizado en nuestros días, por los seguidores de los mitos alquímicos, como una sustancia que transmite a nuestros cuerpos unas propiedades maravillosas.
El Mutus liber, libro mudo, dedica tres grabados al tema de la recolección del rocío celeste. Juan Bautista van Helmont nos cuenta que ha aprendido, por el Arte de la Alquimia, que el licor que por la noche desciende del cielo es un buen remedio para muchas enfermedades.
Heinrich Khunrath, en uno de los grabados de su Anfiteatro de la sabiduría eterna[2], nos muestra en la parte superior del laboratorio alquímico una redoma con el rótulo de Ros Coeli, rocío del cielo. La cucúrbita de la derecha contiene azoh[3]t; en el estante que está debajo hay una botella con mercurio y otra con hyle.
El rocío, como todas las sustancias que caen del cielo,- la quinta esencia o quinto elemento, la miel (las abejas, según nos cuenta Andrés Laguna, no elaboran la miel sino que la recogen de las plantas a las que ha descendido del éter), el maná y el lapis sideritis, son portadores de la incorruptibilidad propias de todo los que se encuentra sobre la esfera de la luna; por este motivo los alquimistas y boticarios han utilizado estas sustancias para devolver la armonía al cuerpo humano, restaurando el equilibrio que había sido roto por la enfermedad.
Por último, y con fines exclusivamente terapéuticos, nos encontramos en la Parte Sexta de la Farmacopea Matritense, dedicada a las operaciones químicas, con un producto farmacéutico elaborado “con el agua del rocío de mayo”. Nuestra Farmacopea matritense considera que esta sustancia es aperitiva, diurética y desobstructiva.
QUINTAESENCIA DE LA SANGRE HUMANA
Gesner nos habla de un remedio obtenido alambicando la sangre humana con otros ingredientes. Después de un recorrido histórico en el que nos cita a varios autores, nos cuenta como se prepara la quintaesencia de la sangre humana, matizando, que por motivos religiosos, él está en contra de este tipo de prácticas. Fueron muchos los alquimistas que pasaron por sus alambiques al más vital de los fluidos para aislar sus propiedades maravillosas. Algunos restos de estos experimentos han llegado hasta nuestros días: en Nápoles, según las investigaciones de José Manuel Ibarrola, hay numerosas iglesias que conservan en ampollas de vidrio sangres prodigiosas que en determinadas circunstancias se funden y se vuelven a coagular. La más conocida, y envidiada, en esta ciudad, es la de San Genaro. En Madrid también tenemos una sangre prodigiosa, encerrada en una doble cámara de vidrio: la sangre de San Pantaleón. Estas sustancias probablemente proceden del laborarium de un alquimista o boticario. Que el prodigio se puede reproducir, con otras sustancias lo han demostrado recientemente los químicos de una universidad italiana.
Preparada con sangre humana y con fines terapéuticos Gesner nos da la siguiente receta tomada de un manuscrito de Hugo Gordonio:
“Tres libras de sangre roja de un hombre bien sano o de varios entre veinticinco y treinta años. Una libra de esperma de ballena y otro tanto de médula de buey. Se destilan en un alambique bien zulacado. El agua primera saldrá blanca; la segunda, pálida; la tercera, leonada; y la cuarta roja y un poco grasienta. El aceite así destilado crece y decrece con las fases de la luna. Por lo que se le llama santo. Si se introducen tres gotas de este aceite con un poco de vino en la boca de un hombre enfermo, que haya perdido las facultades e incluso el habla, al instante recobrará las fuerzas y la palabra. El que beba todos los días una gota de este aceite, con una cucharada de vino, llega a hacerse fuerte y robusto en el cuerpo y en el alma, así como en todos sus miembros. Alargará la vejez cuanto es posible y no será dañado por veneno alguno”[4].
MUMIA[5]
La mumia es una sustancia resinosa, dura, negra que se forma junto a los cadáveres. Su sabor es un poco acre y amargo; su olor es fragante. En el pasado se extraía de los cuerpos desenterrados de los sepulcros o de las pirámides. En otros tiempos llegaba a España desde Egipto. En nuestros días la mumia que nos llega procede de los cuerpos humanos embalsamados con betún de Judea, resina, mirra y áloe que se atan con cáñamo. La mumia obtenida de esta forma se seca en un horno y es distribuida por los mercaderes.
La mumia es balsámica, caliente, ácida. Tiene la facultad de disolver los humores gruesos, suavizar los resuellos y disolver la sangre coagulada.
Paracelso, el gran divulgador de este remedio, comienza cientos de recetas con la expresión “tómese mumia” y repite muchas veces: “la mumia cura todas las heridas; protegedlas de los enemigos externos y serán curadas”.[6]
LA MAGNETITA
La magnetita, magnes, por su comportamiento como imán natural ha llamado la atención de muchos estudiosos de la naturaleza: Cayo Plinio, Dioscórides, Andrés Laguna, Matiolo, Dom Antoine-Joseph Pernety, Rulandus, etc. Por esta extraña virtud ha sido considerada como una sustancia con propiedades medicinales tanto en los en los libros de remedios como en las farmacopeas.
Felipe II nos ha dejado, en la Biblioteca de Monasterio de El Escorial, bajo la bóveda en la que Pellegrini plasmó las siete Artes Liberales, rodeada de una fabulosa colección de impresos, junto con esferas armilares, cuadros y otros instrumentos, un llamativo ejemplar de magnetita encontrado al excavar los cimientos del Monasterio del Monasterio.
Esta piedra capaz de domar, según nos cuenta Plinio, al más duro de los metales y de orientar a los marineros ha sido usada también como fármaco. En las Farmacopeas y Materias médicas nos encontramos al imán entre los fármacos de origen mineral. La Farmacopea matritense añade, cuando habla de su procedencia, que “se obtiene de las minas de hierro de India, Etiopía, Italia, Suecia, Germania, Galia y España. A nosotros nos llega también de los montes de San Lorenzo, vulgarmente conocido como Escorial”.
LOS VENENOS
Sorprende, al acercarse a la historia de los remedios, el elevado número de libros y recetas dedicados a los venenos y a los antídotos. La misma admiración despiertan los mandatos dados a los boticarios para que no vendan venenos a los poderosos ni por dinero ni por temor. Umberto Eco, en El nombre de la rosa, nos mantiene en tensión de forma magistral hasta que descubrimos como Jorge de Burgos protege ciertos secretos poniendo veneno en las hojas de un libro.
Los venenos han llevado a la muerte a gentes de toda condición en todas las épocas de la historia. La curiosidad humana ha encontrado estas sustancias en los tres reinos de la naturaleza: vegetal, animal y mineral. Algunos venenos, como la cicuta con la que Sócrates se quitó la vida, han adquirido una fama universal; otros, menos conocidos tal vez hayan sido empleados con más eficacia. Pensamos que el acónito pertenece a este grupo. De esta planta se recolectan los tubérculos, utilizados para la extracción de la aconitina y para otros preparados. Por otra parte, desde el siglo XVIII se usa también como fármaco en homeopatía. La aconitina, conocida como el cianuro vegetal, es le alcaloide más tóxico[7].
El acónito, conocido por Plinio, Dioscórides, Galeno, Avicena, Mathilo, etc., es una planta sorprendente. Cada verano nos impresiona con sus hojas verdes como la lechuga y sus flores azules. La vemos, en el norte de la Península, erguirse durante el mes de agosto a las orillas de los ríos y riachuelos. En esta época, cuando los prados están segados, las vacas guiadas por un misterioso instinto, pacen con codicia todo tipo de hierbas, pero al acónito ni lo tocan. Mortífera belleza de la que huyen herbívoros e insectos como del más cruel de los tiranos. Menos inteligencia que los rumiantes tuvo un estudiante madrileño cuando encontró la muerte tras la insensata cata de una infusión de acónito.
Del miedo del veneno del acónito no se ha librado ni el Papa de Roma. En efecto, en el siglo XVI, el Papa Clemente VII, por el temor de morir envenenado, como uno de sus antecesores trabajó en la búsqueda de un antídoto contra este veneno: “Su Santidad quería experimentar cierto aceite compuesto contra los venenos que Fray Caravita tenía por seguro. Y así, mandó que fuese dado el veneno a dos asesinos corsos que debían ser ahorcados, y que con ellos se experimentase; de los cuales a aquel que comió más acónito envuelto en mazapán le untasen los médicos con el susodicho aceite; y a aquel que tomó menos, le dejasen morir sin aplicarle remedio alguno. Y así, al cabo de 17 horas murió miserablemente con todos aquellos cruelísimos accidentes que Avicena considera propios del napelo (acónito), de los cuales accidentes, aunque no pocos afectaron a aquel que fue untado, sin embargo se libró de ellos en tres días como consecuencia de la unción”.[8]
Finalmente, el médico y escritor Pío Baroja[9], lleva al Hades, tras los pasos de Sócrates, al protagonista de El árbol del la ciencia, haciéndole tomar una disolución de aconitina.
EL GUAYACO O PALO SANTO
El descubrimiento del Nuevo Mundo supuso la incorporación de muchas plantas americanas a la dieta, ornamentación y farmacopeas de Europa. De todas ellas vamos a centrarnos, brevemente, en el guayaco y lo vamos a hacer, una vez más, de la mano de la Farmacopea Matritense.[10]
El guayaco tiene una madera muy dura, densa y resinosa. Su color exterior es blanco-amarillento; el interior es oscuro o verde. El árbol del que se obtiene es grande, con una corteza gruesa y resinosa… Éste árbol es muy abundante en México y en la isla de Santo Domingo.
En medicina se usan la madera, la corteza y la resina, que se extrae realizando un corte al árbol. Se coge la madera compacta y resinosa, eliminando la albura y la parte exterior… El sabor es acre, amargo y el olor no es desagradable.
La madera de guayaco y la corteza son remedios muy conocidos para curar la enfermedad venérea, y para provocar el sudor y la orina; también se utiliza para curar otras enfermedades como la sarna, artritis, hidropesía, catarro, etc.
CONCLUSIÓN
Gracias al tesón secular de boticarios, alquimistas y médicos, tras muchas pruebas y algunos aciertos, hemos llegado a las sustancias, casi milagrosas, que nos ofrecen las Farmacopeas actuales. Ningún tesoro, bajo el cielo de la luna, más valioso que la Salud; ninguna aventura de la mente humana tan atractiva como la Historia de la preparación de los remedios que nos quitan las dolencias, curan las enfermedades y alargan nuestras vidas.
[2] KHUNRATH, H. (1609), Anfiteatro de la sabiduría eterna, Hannover .
[3] Mercurio.
[4] GESNER, C. (2006), Tesoro de los remedios secretos, Círculo Científico, Madrid, p. 391.
[5] Pharmacopoeia matritensis, (1739), pp. 73-74
[6] PACHTER, H (1960), Paracelso. De la magia a la ciencia, México, Biografías Grandesa, p. 188.
[7] FONT QUER, P. (1982), Plantas medicinales. El Dioscórides renovado, Madrid, Editorial labor, p. 216
[8] FONT QUER (1982), p. 218.
[9] BAROJA, P. (2000), El árbol de la ciencia, Caro Raggio/Cátedra, Madrid, p. 292.
[10] Pharmacopoeia Matritensis (1739), p. 55.



